¿Deberías tener oro en tu cartera? Lo que conviene analizar antes de invertir

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Durante años, el oro ha ocupado un lugar extraño en las conversaciones sobre inversión. Cuando los mercados están tranquilos parece un activo anticuado; cuando aparece inflación, tensión geopolítica o miedo a una crisis, vuelve a convertirse en protagonista.

En MAGASA Wealth Management creemos que ambas formas de verlo parten del mismo error: juzgar el oro únicamente por lo que creemos que hará su precio.

La pregunta relevante no es simplemente si el oro va a subir o bajar durante los próximos meses.

Esa distinción es especialmente importante en un momento en el que el oro viene de años de fuerte apreciación y los bancos centrales continúan mostrando un interés estratégico por el metal.

Una acción representa una participación en una empresa capaz de generar beneficios. Un bono puede proporcionar ingresos mediante intereses. El efectivo ofrece liquidez.

No produce beneficios empresariales ni paga un cupón. Pero tampoco representa la obligación de pago de una empresa, un banco o un gobierno. Su comportamiento responde a factores distintos, como las tasas reales de interés, las expectativas de inflación, el dólar, la demanda de inversión, las compras oficiales y el riesgo económico o geopolítico.

Por eso, preguntarnos si “el oro es mejor que las acciones” tiene poco sentido desde una perspectiva patrimonial. No necesitamos que todos los activos de una cartera hagan el mismo trabajo. Precisamente necesitamos lo contrario.

ActivoFunción principal dentro de una carteraRiesgo que conviene considerar
AccionesCrecimiento del capital a largo plazoVolatilidad y riesgo empresarial
BonosIngresos y estabilizaciónTasas, inflación y crédito
EfectivoLiquidez y necesidades de corto plazoPérdida de poder adquisitivo
OroDiversificación y reserva de valor en determinados escenariosVolatilidad, precio y ausencia de flujo de caja

Esta es también una de las ideas centrales del material analizado por MAGASA: cada activo tiene un propósito diferente y el oro pierde sentido cuando esperamos de él aquello para lo que no fue diseñado.

Aquí encontramos una señal que merece atención.

Las compras de oro de los bancos centrales se han mantenido históricamente elevadas durante los últimos años. En 2025 adquirieron, en términos netos, aproximadamente 863 toneladas, una cifra inferior a las más de 1.000 toneladas anuales observadas durante los tres años anteriores, pero muy superior al promedio anual de 473 toneladas registrado entre 2010 y 2021.

Y la tendencia no ha desaparecido en 2026. Los últimos datos disponibles del World Gold Council estiman compras netas de 289 toneladas durante el segundo trimestre, llevando la demanda del primer semestre a unas 345 toneladas. Es importante señalar que el ritmo ha sido irregular y que las cifras pueden revisarse; de hecho, el organismo realizó una revisión importante de su estimación del primer trimestre.

Más revelador que intentar interpretar un trimestre concreto es conocer qué piensan quienes gestionan esas reservas. En la encuesta de bancos centrales publicada en junio de 2026, el 89% de los gestores consultados esperaba que las reservas mundiales de oro aumentaran durante los siguientes 12 meses, mientras que un récord del 45% esperaba aumentar las reservas de su propia institución.

Esto no significa que un inversionista particular deba imitar a un banco central. Sus objetivos, restricciones y horizontes son completamente diferentes.

Pero sí nos muestra algo importante: el oro continúa siendo considerado un activo estratégico de diversificación y gestión de riesgos por algunas de las instituciones financieras más relevantes del mundo.

Durante décadas se popularizó una idea relativamente sencilla: combinar acciones para obtener crecimiento y bonos para amortiguar los periodos difíciles.

El problema es que las correlaciones no son permanentes.

En 2022 tuvimos un buen recordatorio. La inflación y el fuerte incremento de las tasas afectaron simultáneamente a acciones y bonos, poniendo bajo presión las carteras tradicionales 60/40. Durante ese entorno, el oro mostró mayor resistencia y terminó el año con una pequeña ganancia pese al fuerte dólar y al incremento de los rendimientos reales.

El comportamiento no implica que el oro siempre suba cuando las acciones caen. No existe esa garantía.

Lo interesante es que sus motores de rentabilidad son suficientemente diferentes como para que su correlación con otros activos pueda cambiar durante periodos de estrés.

Datos actualizados del World Gold Council continúan mostrando esta característica: el oro puede correlacionarse con activos de riesgo durante determinados periodos y desacoplarse cuando aumenta el estrés financiero. Eso es diversificar de verdad.

No consiste únicamente en tener veinte inversiones diferentes. Consiste en procurar que las veinte no dependan exactamente del mismo escenario para funcionar.

Aquí es donde desde MAGASA nos separaríamos de las recomendaciones genéricas.

Encontrarás estudios que analizan asignaciones del 2,5%, 5%, 7,5% o 10%.

Por ejemplo, un análisis del World Gold Council publicado en 2026 concluye que incorporar esas proporciones de oro habría mejorado históricamente determinadas métricas de riesgo y rentabilidad de una cartera institucional hipotética.

El documento que sirve de base a este artículo va más lejos y propone considerar una asignación permanente del 5%-10% como parte estructural de una cartera diversificada.

Nosotros preferimos no convertir ese porcentaje en una receta universal.

Porque un 5% puede ser razonable para una persona e innecesario, insuficiente o excesivo para otra.

Antes de establecer una asignación, analizaríamos cuestiones como estas:

Antes de incorporar oroLa pregunta patrimonial
Objetivo¿Buscamos diversificación, preservación o simplemente rentabilidad?
Horizonte¿Cuándo podría necesitarse ese capital?
Cartera actual¿Qué exposición existe ya a acciones, bonos, inmuebles y otros activos?
Monedas¿En qué divisas están denominados los activos, ingresos y obligaciones?
Liquidez¿Cuánto capital debe permanecer disponible?
Riesgo¿Qué escenarios queremos que la cartera pueda soportar mejor?
Vehículo¿La exposición sería mediante oro físico, instrumentos cotizados u otra estructura?

El porcentaje es la consecuencia del análisis. No debería ser su punto de partida.

Primero define el riesgo; después el activo

Hay una analogía del documento original que resume especialmente bien nuestra forma de verlo: las personas aseguran sus viviendas sin esperar que se incendien. Una estrategia patrimonial funciona bajo una lógica parecida.

No construimos una cartera porque sepamos exactamente qué ocurrirá con la inflación, el dólar, las tasas de interés o los mercados durante los próximos diez años. La construimos precisamente porque sabemos que no podemos conocerlo.

El oro puede tener un lugar dentro de esa arquitectura. Pero no necesariamente el mismo lugar para todos.

Y quizá esa sea la recomendación más importante que podemos hacer desde MAGASA Wealth Management: no empieces preguntando cuánto oro deberías comprar. Empieza preguntando qué riesgo de tu patrimonio quieres gestionar.

Una vez que conocemos la respuesta, podemos determinar si el oro tiene sentido, qué proporción podría ser adecuada y mediante qué vehículo conviene obtener esa exposición.

Después de más de 30 años acompañando a inversionistas y empresarios, nuestra experiencia nos lleva a una conclusión sencilla: una cartera sólida no se construye acumulando los activos que están de moda. Se construye asignando a cada activo una función concreta dentro de un plan coherente.

El objetivo no es que el oro gane la carrera. Es que la cartera pueda llegar completa a la meta.

Si estás evaluando incorporar oro o quieres revisar si tu cartera está realmente diversificada, una revisión patrimonial puede ayudarte a tomar esa decisión desde la estrategia y no desde el movimiento reciente del mercado.

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